Charles Hoskinson, fundador de Cardano y Midnight, ha criticado duramente la Ley Clarity, un controvertido proyecto de ley de regulación de criptomonedas que se está debatiendo en Estados Unidos.
Hoskinson argumentó que la implementación de la ley podría llevar años, podría no ser resistente a los cambios políticos y podría perjudicar estructuralmente a los nuevos proyectos de criptomonedas.
Han comenzado a circular versiones actualizadas de la Ley CLARITY, actualmente en negociación en el Congreso de Estados Unidos. Si bien se afirma que se está cerca de un acuerdo sobre los rendimientos de las stablecoins, persisten los desacuerdos en temas cruciales como las finanzas descentralizadas (DeFi) y las demandas del Partido Demócrata. Por lo tanto, el proyecto de ley aún no ha llegado a la etapa en la que pueda someterse a votación en el Senado.
Hoskinson afirmó que, incluso si se aprueba la ley, requeriría un proceso regulatorio largo y complejo, y añadió: «Este proceso podría durar hasta 15 años». También advirtió que las leyes podrían ser instrumentalizadas según el partido político en el poder. Según Hoskinson, un posible cambio de gobierno, especialmente después de 2029, podría propiciar que las lagunas del texto actual se aprovechen de diversas maneras.
Hoskinson afirmó que el entorno regulatorio actual se configuró en gran medida tras el colapso de FTX. Según Hoskinson, este evento cambió radicalmente la perspectiva de los demócratas sobre las criptomonedas. Si bien antes existía apoyo bipartidista, tras el colapso de FTX se adoptó una postura más firme hacia el sector cripto. Hoskinson argumentó que esto también supone riesgos para los políticos, ya que el costo político de mostrarse cercanos al sector ha aumentado.
Una de las principales críticas de Hoskinson fue que el enfoque actual clasifica automáticamente los nuevos proyectos como valores. Argumentó que esto dificulta el crecimiento de las empresas emergentes, sugiriendo que los procesos regulatorios podrían ralentizarse deliberadamente y que la SEC carece de incentivos suficientes para eliminar esta clasificación de los proyectos.
Hoskinson argumenta que esta estructura otorga una ventaja a los principales criptoactivos existentes, afirmando: “Cardano, XRP y Ethereum pueden tener un buen desempeño, pero los nuevos proyectos no pueden competir”. Según Hoskinson, este sistema impone grandes obligaciones a los nuevos proyectos, de forma similar a un proceso de oferta pública inicial (OPI).
Hoskinson también criticó que los debates en el sector se centren principalmente en la rentabilidad de las stablecoins. Argumentando que este tema palidece en comparación con los problemas fundamentales, Hoskinson afirmó que la regulación en su conjunto es excesivamente compleja y técnicamente deficiente. Añadió, además, que existe una falta de experiencia técnica suficiente en el proceso legislativo.
Según Hoskinson, el sector de las criptomonedas se está convirtiendo cada vez más en un foco de polarización política. En concreto, señaló que durante la era de Donald Trump, el sector se transformó en un escenario político, dificultando el consenso bipartidista. Añadió que la retórica negativa de los demócratas respecto a las criptomonedas ha acentuado aún más este proceso.
Hoskinson también afirmó que los legisladores estadounidenses no han considerado adecuadamente la naturaleza global y descentralizada de las criptomonedas. Advirtió que las normas estadounidenses podrían volverse incompatibles con los mercados globales si no se alinean con los marcos regulatorios de Europa, Oriente Medio y Asia.
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